Estamos transitando el mes de celebración del Tiempo de la Creación. Una Jornada Mundial de Oración que instituyó el Papa Francisco en el año 2015 para la Iglesia Católica, por el Cuidado de la Creación (el mismo año en el que presentó al mundo su Encíclica LAUDATO SÍ); integrándola a la iniciativa ecuménica que se remonta al Día de Oración por la Creación proclamado por la Iglesia Ortodoxa en el año 1989; que luego el Consejo Mundial de Iglesias adoptó su extensión del 1 de septiembre al 4 de octubre (coincidiendo con la festividad de San Francisco de Asís), propuesta que surgió de la Asamblea Ecuménica Europea entre 2007 y 2008. Así las distintas religiones fueron uniendo sus rezos y oraciones en la misma necesidad de visibilizar la importancia en la contemplación por lo Creado, y nuestra misión esencial de asumirnos Cuidadores y Cuidadoras de todo lo Creado, de la Casa Común, acudiendo al gemido de la Madre Tierra y al grito de los pobres que alertan de las urgencias en nuestros tiempos.
En este marco las Comunidades del Movimiento Misioneros de
Francisco de Máximo Paz y de San Clemente del Tuyú asumieron el desafío de
concretar una Jornada de Convivencia y Hermanamiento en el Campamento realizado
los días 26 y 27 de septiembre, en la Capilla Ceferino Namuncurá del barrio Puerto, a la entrada de la Reserva
Ecológica de Punta Rasa.
Los servidores de la Capilla Cristo Obrero y Campesino, vecinos,
vecinas, madres, padres y militantes de la Agrupación de Frente que realizan
tareas de cuidado en el Envión Comunitario “Esther de Careaga” de Máximo Paz,
organizaron el viaje de 13 chicos y chicas y 5 adultos responsables, para ir al
encuentro de los Cuidadores de la Casa Común FOGATA, de las y los misioneros y
servidores de la Capilla Ceferino de Namuncurá, con la misión de hermanar
nuestras comunidades, y a ellas con la abundancia de la Creación que nos fue
encomendada gratuitamente por Dios, y unos pocos ambiciosos adoradores del dinero
nos impiden disfrutar libremente de sus frutos y dones.
Este año fuimos convocados por el Papa León XIV a celebrar
el Tiempo de la Creación 2026 bajo el
lema universal de ser fuentes de "Agua Viva"; y en estos días compartidos,
hemos visto cómo un torrente de Agua Viva surgía desde la Capilla para abrir
las puertas y ventanas de los vecinos del barrio Puerto y los inundaba de
esperanza. Un río de Agua Viva que los convocaba y guiaba al encuentro con el
contingente de jóvenes que llegaba; un río de Agua Víva que brotaba de los ojos
asombrados de los pibes y pibas al ver un atardecer en la ría; o en el torrente
de la corrida hacia el mar (un mar que muchos de ellos no conocían), atravesando
inmensas playas y trepando los médanos para rodar como los grandes caracoles
que les ofrecieron sus sonidos atesorados. Un torrente de Agua Viva que expresaron
alegres nuestros pibes y pibas reconociendo la inundación de amor que los colmó
y surgía de los corazones de las cuidadoras y de Miguel que les cocinaban sabrosas
comidas con pocos recursos. Un torrente de Agua Viva que brotó de la Capilla
donde acamparon, donde ellos recibían la abundancia de la Creación y al mismo
tiempo, con su presencia, transformaban los corazones de la comunidad que los
recibía.
El fluir de un río fraterno
Inspirados en la visión del profeta Ezequiel (Ez 47:9, 12),
que describe cómo el agua que brota del santuario purifica todo lo que toca y
devuelve la fertilidad a los ecosistemas más dañados, los jóvenes se
sumergieron espiritualmente en la realidad de la Casa Común, y cada pregunta
que de ellos surgía, nos interpelaba en las conversiones necesarias que cada uno
de nosotros debemos afrontar para terminar con tantas tristezas e injusticas.
En un contexto social y climático que muchas veces se asemeja a tierra arrasada,
el campamento funcionó como ese "pequeño arroyo" que va creciendo en
profundidad y devuelve la vida a su entorno, y da Sentido a nuestras vidas y a
cada acción que realizamos en nuestras distintas comunidades.
La jornada de convivencia y hermanamiento combinaron el
lamento compartido por los dolores de la Tierra con una militancia alegre del
cuidado mutuo. Lejos de ser solo un simple viaje de placer, el campamento fue
un espacio de contemplación e inmersión en el compartir de silencios, la
celebración comunitaria de la Palabra, así como las canciones y los juegos en
equipo compartidos. La experiencia de comunión quedó plasmada por los mismos
jóvenes que en sus mensajes escritos de despedida reflejaron el agradecimiento
y la alegría de encontrar hechos realidad sus anhelos de ver concretada la
bondad compartida, la armonía y sintonía entre amigos y naturaleza, y la
belleza posible para sus vidas, que una injusta imposición del sistema se la
niega constantemente.
Un cuenco de lágrimas convertido en manantial de esperanza
Nadie escondió ni negó el sufrimiento que nos provoca, y les provoca a nuestros pibes y pibas el flagelo de la pobreza, del hambre, la violencia, la exclusión, y las injusticias ambientales que vivimos en nuestras comunidades; por el contrario al compartir en un cuenco común las lágrimas de esos sufrimientos, al compartir con otros la carga de esos problemas no resueltos individualmente, se aliviana la espalda, nos erguimos para poder ver al hermano a la cara y reconocernos, cuando otros nos esconden, nos niegan o se burlan de nosotros…nos reconocemos como iguales con los mismos dolores, entonces nos empezamos a respetar, a escuchar, a encontrarnos. Y entonces las palabras con miedo empezaron a aparecer, salimos del encierro, y las preguntas surgieron como manantial vivo. El hermanamiento comenzaba a hacerse realidad: ¿Quién fue Ceferino Namuncurá?; ¿Qué es un Santo, cómo llega alguien a ser Santo?; ¡¿Viste el atardecer en el Puerto?!¡Nunca vi tan naranja y enorme al Sol cuando se va!; ¿Por qué hablas de la Luna cuando baja la marea y no puedo pescar?; ¿Es lo mismo empleo que trabajo?; Yo elegí este libro: la Catequesis…¿quiere decir que yo también puedo enseñar a otros?; y de repente una pregunta de Pedrito de ocho años aproximadamente, mientras estábamos solitos en la Capilla preparando la celebración de la Palabra, y él sin levantar la cabeza del celular preguntó:
¿ME QUERES?



































